
Benditas Maldiciones
Sin spoilers
Realmente la Maldición la sufrió la buena de Linda Blair más que su endemoniado rol de Reagan McNeil. Y es porque tras hacer el papel de su vida, no dio una ni en lo personal ni en lo profesional.
Desde el comienzo de la película, introduciendo el lugar donde tendrán lugar los espeluznantes acontecimientos al son de los violines, hasta el momento en el que el William O´Malley (quien interpreta al poco ortodoxo Padre Dyer) se pierde (en la versión de 1973) con las escaleras de fondo, Friedkin adapta majestuosamente esa primera visión que surgió de la mente de Blatty en su novela con el mismo nombre y que también quiso trabajar para hacer un guión excepcional.
Aunque siempre digo que es un error disfrutar- porque se disfruta- esta pieza de colección sin haber leído primero la novela. Porque muchos de los detalles importantes fueron cortados por Friedkin y no fueron adicionados hasta el año 2000 cuando sacaron la versión del Montaje del Director con casi 30 minutos de posibles escenas relevantes.
Pero por encima de todo es el desgarro reclamo de esa madre desesperada por aceptar lo que ocurre a pesar de no tener de inclinaciones religiosas. Es la agonía de un Sacerdote que se yace en una crisis de fe tras la muerte de su madre. Es la incursión de un personaje como Lankestein Merrin (interpretado por el inmortal Max Von Sydow) que se dará de bruces contra aquél que no le queda más remedio que enfrentar. La eterna lucha del bien y el mal desde una perspectiva realista, fuera de todo lo que se había visto y lo que en el futuro se vería (Como mucho una copia).
Una película no sólo inmortal, sino digna de dar continuas lecciones de cómo hacer buen cine de terror, sin necesidad de productos, sólo dejando al espectador que sufra por lo que ve, por lo que escucha y por lo que todo ello se hará sentir.
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