
Extraordinaria. PERO... rebosa digitalización
Sin spoilers
A ver si me hago entender. EXTRAORDINARIA. 9,5. Creo que me explico bien con esos dos datos, pero vayamos a analizar esto con un poco más de sentido crítico...
Al fin ha llegado el día y hemos podido acudir a los cines para disfrutar de la Tierra Media por penúltima vez en nuestra vida. Las expectativas eran claramente altas. Jackson nos invitaba de nuevo a su mundo de fantasía inspirado en la imaginación de Tolkien, y esta vez nos regalaría el enfrentamiento con uno de los dragones más míticos y pioneros de la literatura "moderna". Smaug era el plato fuerte de esta segunda película de El Hobbit, pero antes de llegar a él deberíamos atravesar una montaña rusa de peligros y personajes pintorescos como ya hiciéramos el año pasado, o más épicamente hace una década.
Su objetivo, ser una aventura clásica llena de emociones, peleas y lugares increíbles, lo cumple con creces. Esa caótica montaña rusa resulta ser un engranaje perfecto salido del talento de un gran director. Peter Jackson es capaz de cualquier cosa, y su maestría para rodar la acción y el frenesí sin control deja para la historia del cine secuencias capaces de quitar la respiración y hacer olvidar el mundo real. La Desolación de Smaug es un no parar. De hecho, una de sus pequeñas flaquezas es que tanto movimiento, tanta aventura, obstaculizan cualquier intento de tener su propio arco argumental. Aquí no hay inicio, nudo, desenlace (o al menos no los dos primeros, y el tercero se ve interrumpido a modo de cliffhanger). Tampoco es que haga falta, porque es una segunda parte de tres, y estas películas es mejor entenderlas como un todo, pero si se pretende analizarla como película en sí misma es un punto en contra (y más cuando sus hermanas mayores, ESDLA, sí contenian cada una un arco argumental). Quizás hay atisbos de arco en un par de personajes (la adicción de Bilbo al anillo, la locura de Thorin...), pero no más, y eso favorece el hecho de que parezca más una atracción que un film. Aun así, contemplada toda ella como el nudo de una trilogía es magistral (¡menudo nudo! ¿quién quiere climax teniendo esto?)
La joya de la corona, Smaug, es lo que este mundo fantástico se merecía. El dragón hace honor a sus predecesores clásicos, a la concepción clásica del dragón cruel y astuto, y se hace realidad por medio de una tecnología asombrosa que lo dota de una apariencia totalmente realista y una gestualización en la justa medida para la recreación de su personalidad sin hacerlo demasiado humano. No puedo opinar de la actuación de Cumberbatch, pero el doblaje ha estado muy correcto, y creo que se ha trabajo bien por imitar la voz de Benedict. Todos esos minutos finales, desde que el enorme ¿reptil? juega con su pequeña presa hasta que atraviesa furioso y dorado las puertas de Erebor es una delicia de la acción, el montaje, los efectos digitales... Es un dulce de oro para el cinéfilo, y una "piedra del arca" ;) para el fan de la Tierra Media.
No criticaré los cambios hechos por Jackson, porque considero que han sido los adecuados para alargar la historia y a la vez hacerla más cinematográfica y emocionante. Sí chirria el ¿romance? entre cierta elfa y cierto personaje, pero puramente por prejuicios, porque sus escenas están concebidas de una forma delicada y exquisita, acompañadas por la increíble música de Howard Shore.
Howard Shore, que aunque no alcanza su propia excelencia en ESDLA (esas obras maestras sólo se dan una vez en la vida) confirma una vez más el genio que es, y compone sintonías preciosas y vibrantes. Mis favoritas son la anteriormentes comentadas, las que incumben a los personajes de Tauriel y Kili. Preciosos clásicos instantáneos que son bálsamos para mis oídos.
Y quizás sea hora de explicar la segunda parte del título de esta crítica. Aunque los efectos digitales son excelentes y no hay ninguna pega que ponerles, se me antoja empalagoso el excesivo uso de la digitalización CGI para casi todo. Puede que tenga esta opinión porque haya revisado algunos making of de la antigua trilogía y haya comprobado que las maquetas y lo palpable en la realidad era la base de todo. Aquello invitaba a unos planos mucho más cuidadosos y planeados de una forma más artesana, delicada y por lo tanto cualitativa. Con la creación CGI de los escenarios tridimensionales, la cámara se puede mover de maneras imposibles, y eso es algo que me llega a cansar, y me hace apreciar que los planos pierden la fuerza gráfica, la fuerza poética o fantástica que sí tenían antaño. Porque ESDLA no sólo contaba con una historia perfecta, sino también con una fotografía inmejorable, y aquí donde la cámara se mueve como en una simulación virtual por ordenador esa fotografía pierde calidad en favor del 3D y lo digital. Exquisitez siento cuando lo único que hay en la pantalla son paisajes reales, o decorados construidos realmente. Me diréis que estoy chapado a la antigua, pero, aunque sé que cuesta más tiempo y dinero, me gustaría que Peter Jackson (antiguo adorador de las maquetas) recuperara ese gusto por lo artesanal. Por otro lado, el aspecto visual de la película es extraordinario. No deja de serlo por mucho 3D o CGI que le pongan.
Al fin conocemos al dragón usurpador, un personaje que llega a la historia del cine para quedarse y ser recordado, y nos preparamos para asistar al acto final con el que nos despediremos de la Tierra Media en la gran pantalla. Con sus fidelidades y sus inventivas, Jackson ofrece un espectáculo con multitud de personajes excelentemente llevados y con un derroche de acción sin precedentes. El espíritu de Arda está ahí, y con cada pueblo, ciudad o montaña que visitamos nos maravillamos más que antes (si cabe). Como siempre, una conjunción de técnicos, diseñadores, guionistas, directores, reparto... convierten a La Desolación de Smaug en un film que el séptimo arte se merecía tener. Un año es demasiado tiempo para esperar, pero un año con un nuevo film de El Hobbit en el horizonte no puede ser más emocionante, y el aliciente está ahí, marcado el 17 de Diciembre de 2014.
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