La peor película de Spidey, con diferencia

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Crítica de 'El hombre araña 3'

De goethemola

04 Jul 2007

4,2

Sin spoilers

Cuando uno va a ver una película de superhéroes en general, y de Spidey en particular, hay diferentes modos de hacerlo: por un lado tenemos al -escaso- espectador que no tiene ni pajolera idea de quién es el trepamuros, y tan sólo busca entretenimiento puro y duro; por otro lado, tenemos al -relativo- conocedor del personaje, que es consciente que comparar el cómic con la película va a ser imposible, y que buenamente se conforma con que el lanzaredes pegue mamporros, suelte sus chascarrillos, y los guionistas no se carguen una historia como ya han hecho en otras ocasiones; y, por último, tenemos al purista que, sea como sea, saldrá de la sala notablemente ofendido.

Pues bien, la tercera entrega del arácnido no satisfará a ninguno de ellos, y probablemente a ningún otro perfil que podamos confeccionar.

Spider-man 3 nos muestra a un Peter Parker (Tobey Maguire) congraciado con el mundo: está enamorado de MJ (Kirsten Dunst) , los estudios le van bien, New York adora a su alter ego... Pero las cosas no siempre son de color de rosa: por un lado, un simbionte procedente del espacio exterior tomará a nuestro héroe como huésped, alterando notablemente su personalidad con consecuencias impredecibles; por otro, Flint Marko (Thomas Haden Chruch), un presidiario huído de la justicia, se verá convertido en el Hombre de Arena a causa de un experimento militar. Y, cómo no, Harry Osborn (James Franco) no olvida que el trepamuros fue el supuesto causante de la muerte de su padre.

Lo cierto es que Spider-man 3 tenía todos los números para convertirse en una gran película, sobretodo por la incursión del antagonista por antonomasia del trepamuros, que no es otro que Veneno, y por el supuesto drama interior que se supone debía ejercer el simbionte (que no está de más recordar que originalmente apareció a causa de las míticas Secret Wars) en la personalidad de Parker.

Pero, ¿para qué? Al menos, eso es lo que debieron pensar los guionistas.

De las dos horas y media que dura Spider-man 3, tan sólo algunos escasos ratos pasan tremedamente amenos y divertidos, con unos combates en ocasiones espectaculares, si bien la cámara lenta en caída utilizada ya en la segunda entrega contra Octopus comienza a resultar repetitiva; el resto, es risible o simplemente bochornoso, con un Peter Parker que con tan sólo cambiarse el peinado debemos suponer que es ególatra y cruel o algo parecido; la mayor parte de la película resulta previsible, tediosa y cansina hasta el punto de pedir la hora, como en los partidos con resultados ajustados. A una trama sencilla que requería -por fin- una profundización de los caracteres, se le ha dado mil vueltas y añadido nuevos personajes para tratar de paliar, infructuosamente, la carencia de guión o de versatibilidad de sus intérpretes, encontrándonos con un Hombre de Arena que si no hubiera salido en la película nos hubiéramos quedado absolutamente igual, una Gwen Stacy (Bryce Dallas Howard) que hará arrancarse mechones completos de cabello a los puristas anteriormente citados, y con un Eddie Brock (Topher Grace) gris y paupérrimo.

Para colmo, tenemos una banda sonora que, salvo las melodías típicas de las dos primeras partes, contiene largas secuencias de jazz incluso en alguno de los combates, en el que por momentos esperaba la aparición de Peter Sellers vestido de inspector Closeau, o de pistas discotequeras a lo Fiebre del sábado noche para acompañar al Parker dominado por el simbionte, en las secuencias más tristes y patéticas del film con diferencia.

¿El resto?

Efectos especiales a granel, tantos, que llegan a cansar al tratar de rizar el rizo una y otra vez, tediosos diálogos de besugo que vuelven a hurgar en los principios morales y, cómo no, secuencia final en clave apoteósica, con un Hombre de Arena en un supuesto homenaje a King Kong y nuestro trepamuros con las barras y estrellas como telón de fondo, como si no supiéramos ya que Spidey no es guineano.

Resumiendo: Tobey Maguire debería seguir dedicándose a producir películas, no a interpretarlas, pues no le cambia la cara ni con descargas eléctricas en los pezones, y Sam Raimi ha perdido el norte de manera definitiva, renegando de sus orígenes más extremos y que le hicieran abrirse camino en el mundillo.

La peor película de Spider-man con diferencia. Blockbuster para niños de ocho años o adultos con mentes similares.

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