
El sueño de todo espectador
Con spoilers
Woody Allen desata en su película más romántica y fantasiosa (y además su preferida) uno de los sentimientos más clásicos del cine: la voluntad de que aquello que vemos en el celuloide exista en la vida real para que nos envíe un rayo de luz y de fantasía a nuestras vidas.
Para reflejar al espectador que busca en el cine todo aquello que no puede encontrar en otro sitio, crea a Cecilia, una muchacha infelizmente casada con un hombre que ni la ama ni la cuida, por lo que se ve obligada a trabajar y conseguir ingresos por sí misma. Sin embargo, en la década de los años 30 en los que el país sufre una gran depresión económica, el panorama no es muy alentador. La única forma de evasión de un mundo tan tormentoso es acudir frecuentemente al cine, y dejarse llevar por las maravillosas historias que cuenta. Cuando la película "La rosa púrpura del Cairo", en la que el protagonista es un apuesto y encantador explorador que se logra codear con la clase más lujosa de la sociedad del momento, llega a su cine, no dudará en verla repetidas veces, hasta el punto en el que se enamora del personaje. Y como si fuera por arte de magia de un deseo cumplido, en una de esas visitas a la sala, el personaje decide saltar de la pantalla para estar junto a su amada.
Con esta metáfora también vemos esa pensamiento paradójico: a pesar de que nuestro mundo es triste y vacío de magia, el personaje, que lo tiene todo en su ficción, desea salir a experimentar la vida real.
Evidentemente las cosas no pueden salir tan bien para la pareja, pues se dará una curiosa circunstancia: el propio actor deberá acudir a su localidad para convencerla de que su creación debe volver a la cinta. De este modo, Cecilia tendrá que elegir entre el hombre de sus sueños o el de carne y hueso.
La dulce y tierna protagonista, maravillosamente caracterizada por Mia Farrow, representa a su vez a cualquier espectador que acude al cine para olvidarse durante más de una hora de su cotidianidad para vivir experiencias inolvidables.
La no actuación de Allen en la película fue positiva, pues la aparición del típico personaje mezquino y racional chocaría con las intenciones del film.
Quizás la parte más controvertida del relato sea el final, aunque no es el más feliz posible, es el ideal. Cecilia, al igual que el público, cuando acaba el sueño, la película, le toca volver, como a todos nosotros, de vuelta a la cruda realidad.
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