
La fragilidad de lo emotivo
Sin spoilers
El título de esta cinta no ayuda mucho ha adivinar de que trata la película, y eso es bueno, porque cómo no tienes grandes expectativas de ver un buen filme y luego te encuentras con una maravilla tan simple que te hace dudar por un momento si realmente era un buen largometraje. Por otra parte, la verdad es que al final de todo el título sí es el acertado, porque aunque dentro de la película los personajes principales tengan historias diferentes, (las cuáles no voy a especificar) lo que las une a todas y las impregna de forma un tanto liberal, es el club de los poetas muertos. Interpretativamente cabe destacar a dos actores, primero un magnífico Robin Williams cuyas lecciones cómo profesor de literatura influirán notablemente en todos los sucesos de esta cinta, y en segundo lugar a un jovencísimo Ethan Hawke que gracias a esta película su carrera dará un salto hacia adelante, pero que no ha vuelto ha trabajar en otro largometraje tan bueno cómo este. Un punto más a favor de este filme y que además nos sirve para reflexionar, es la moraleja con la que nos deja al final de esta producción y con la que voy a poner punto y final a esta crítica que espero que le sirva de algo a quién la lea (positiva o negativamente).
Hagas lo que hagas en esta vida disfrútalo, lucha por lo que quieras y haz que se note tu ausencia, porque al final de la vida todos somos pasto de los gusanos, así que recuerda bien esto: CARPE DIEM.
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